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¿Quieres cambiar tu vida? Empieza por hacerte la cama

En estos días de inicio de curso seguro que te estás planteando nuevos objetivos, metas e ilusiones para los próximos meses. Es normal desarrollar esos deseos de mejora con las pilas recién cargadas, pero lo realmente importante es ser capaces de mantener ese impulso inicial y convertir en hábitos los buenos propósitos, incorporarlos a tu vida y llevarla en la dirección que deseas.

El otro día hablaba sobre ello con mi amigo Luis Ramos en su excelente podcast Mentor 360º (no os lo perdáis porque siempre aporta claves muy interesantes). Con él compartía un consejo muy sencillo que he aprendido en un libro que he leído recientemente, y que me ha resultado impactante por su sencillez y eficacia. El consejo es tan simple como directo es el título del libro: Hazte la cama, de William H. McRaven, un excomandante de los Seal de los marines, condecorado con la medalla del servicio distinguido de defensa y uno de los mayores expertos antiterroristas de Estados Unidos, que se graduó en periodismo antes de dedicarse por entero a la carrera militar.

El libro, que se lee muy fácil en un par de horas, está basado en un emocionante discurso que ofreció a la promoción 2014 de la Universidad de Texas. El discurso en sí me encanta por su sencillez y lo categóricas que pueden ser sus palabras sin resultar dañinas ni prepotentes, y os animo también a que le echéis un vistazo al vídeo en YouTube, que tiene nueve millones de visualizaciones y subiendo, y comienza de una forma muy sencilla, con la frase del título. El comandante McRaven afirma que somos nuestros hábitos, y nos recuerda que la forma en la que inicias el día puede condicionar no solo ese día, sino también tu mes, tu año… tu vida en definitiva. Y para aprovechar eso se apoya en algo en lo que se basa la disciplina de cualquier fuerza armada de un país: cumple con tu palabra, y cumple desde los primeros minutos del día. ¿No sería fantástico ser capaces de cumplir nuestros propósitos todos los días?

La reflexión sobre los hábitos y su importancia me hace recordar un graffiti que muchas veces puedo leer en mi barrio, Lavapiés, y que siempre me llama la atención: “Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”. Parece casi un trabalenguas, pero es muy profunda. Hace referencia a que, como decía el premio Nobel Ramón y Cajal, somos arquitectos de nuestro propio cerebro. Gracias a nuestros hábitos, podemos llegar a convertirnos en lo que queremos ser. La ciencia todavía aún no ha definido con exactitud cuántos días hace falta para desarrollar un hábito, pero lo que está claro es que si empezamos a hacer algo ahora que comienza un nuevo curso, si somos capaces de mantenerlo en el tiempo, al final de ese año o curso podemos ser realmente unas personas nuevas. Yo os confieso mis dos propósitos y que de momento estoy cumpliendo: todas las mañanas leer un poco y hacer un poco de deporte. Un poco, no mucho, pero todos los días.

¿Qué propone nuestro comandante para fijar nuestros hábitos? Su consejo es muy sencillo: si quieres ir dominando tu mente, comienza el día haciendo la cama… Por norma general, se trata de una tarea que no exige demasiado esfuerzo, que te puede llevar entre cinco o siete minutos (entre que dejamos ventilar un poco, estiramos bien las sábanas –o las quitamos y las ponemos, como me enseñó a mí mi madre–), tirando por lo alto. Nuestro cerebro, que desea profundamente tachar cosas de esa lista de cosas por hacer, a veces real –porque las escribimos–, pero muchas veces imaginarias, acaba de tachar la primera con esa sencilla acción. Ya sientes una satisfacción de haber hecho lo primero que tienes que hacer. “Wow, ya lo he hecho; ahora a por otra cosa”.

Piensa ahora en la vuelta a casa. Imagina que has tenido día intenso, maravilloso de actividad, y llegas agotada. En tu cuarto puede haber ropa aquí y allá, pero una cama hecha da una sensación de recogido y te ayudará sin duda a relajarte. Recuerda que nuestro cerebro, en su afán de evitar los peligros, está continuamente poniendo etiquetas a nosotros y a los demás, y de esta forma lo estás tranquilizando. Así que si llegas a casa y tienes la cama hecha, será una constatación de lo bien que comenzó el día y lo bien que acabó.

Imagina otro escenario en el que has tenido un día duro, pesado, lleno de papeles y de burocracia, de algo que no te ha salido bien… Si has empezado la mañana con el consejo del comandante McRaven, al menos al llegar a casa, si tienes tu cama bien hecha, tu mente estará preparada para despedir el día, descansar y procurar tener un día siguiente maravilloso para volverlo a intentar. Recuerda una vez más, “somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”, así que aprovecha todas las mañanas esa primera tarea para sintonizar tu mente con la sensación de logro desde primera hora.